7 años de escritura

Imagen: “Ven a escribir los domingos” fue uno de nuestros primeros talleres. Leslie y yo pegábamos los afiches por Lima, huyendo de los policías.

Anoche en clase le dije a los estudiantes que podríamos pasarnos 2 semanas conversando sobre escritura y edición, sobre libros y autores, pero mientras nadie cogiera un teclado y escribiera algo (cualquier cosa imprevista, impensada: algo en borrador) sería lo mismo que conversar sobre la manera más elegante de bailar de salsa: nada sucedería. El aprendizaje, como sabemos, está en el hacer, y no tanto en el escuchar. Hacer de manera continua es practicar. La práctica es acción y repetición. Lo recuerdo mucho en estos días de aniversario de Machucabotones (en julio cumplimos 7 años, ¿pueden creerlo?), y con este dato aún fresco en mi mente: en el primer taller de escritura que dictamos… ningún estudiante escribió nada. O se escribió muy poquito. Fue un taller en el cual yo hablaba y los estudiantes tomaban apuntes. Servíamos té con maracuyá, y unas galletas que todo el mundo alababa, horneadas con mucho amor por mi mamá todos los fines de semana, porque las clases eran en la sala de mi casa en Monterrico.

Así era dictar clases en el comedor de una casa. Año 2015

Fue Leslie quien me dijo un día “¿No sería bacán que los estudiantes de escritura… escribieran?”, y aquel fue uno de los primeros puntos de inflexión de esta locura que ahora llamamos Escuela Machucabotones, porque decidimos modificar nuestra manera de proceder. Les y yo siempre hemos buscado mejorar esto que ofrecemos, este vínculo de confianza. ¿Qué es educarse si no abrirse, confiar? Y creo que ir mejorando paso a paso, siempre con buen humor (doy gracias a mi maestra Leslie por ello), aspirando a ser flexibles y dulces, nunca rígidos o severos, nos ha permitido sobrevivir a 7 años de gestión empresarial muy rudimentaria, porque cuando empezamos esta escuela ni Leslie ni yo queríamos saber nada del Excel o de cobrar dinero. Nosotros éramos de letras. Nosotros queríamos escribir, y ya está. ¡Cuánto me hacen reír hoy estos muchachos locos! La práctica, que es acción y repetición, prueba y error, mejoró la calidad de lo que hacemos. Ahora incluso podemos becar a estudiantes. Enseñar nos mejoró a nosotros, o eso creo. 

Yo mismo, antes de fundar Machucabotones, fui durante muchos años conductor de radio (lo sigo siendo a través de Radio Nacional, en un programa consagrado a los libros). Me gustaría escribir alguna vez sobre mi vida en la radio. Desde los 22 años tuve la inmensa suerte de practicar en vivo frente a un micrófono, y recibir un sueldo por ello. Yo nunca antes había hecho radio, y circunstancias azarosas me ponían frente a una audiencia de decenas de miles de personas a las que tenía que hablarles y hacer recomendaciones, con las que tenía que generar un vínculo. Practicar esto de manera regular me permitió adquirir una cancha que difícilmente habría adquirido yendo a seminarios intensivos sobre conducción radial. 

Una de mis últimas fotos como conductor, antes de la pandemia. Cortesía: Diario La República

Lo menciono porque Leslie yo hemos regresado a la radio. Digo “regresamos”, porque cuando empezamos Machucabotones creamos dos podcasts, que estuvieron en circulación algunos meses: “César y Leslie en el aire” y luego “El gran canalla”. Quizás alguien por aquí recuerde alguno de esos programas (lo pregunto porque yo no recuerdo casi nada). Desde hace unas semanas estamos saliendo por Spotify, y me llena de contento y de entusiasmo. Ahora el programa se llama “Machucabotones con Leslie y César”, y algo que yo noto al escucharnos (el último episodio salió hoy) es el entusiasmo en nuestras voces. Les encanta hablar a estos patas. Ojalá en algún momento podamos hacer un podcast sobre escritura y mejora personal que incluya video y participación de los espectadores, ojalá. Voy a apuntar esa idea en una tarjeta del Trello, la tarjeta número 1000 del tablero 3. Ya está.

Esto hacíamos Leslie y yo hacia el 2015. Era un programa radial que conducíamos echados en una cama, con entrevistados. Lástima que se hayan extraviado los episodios.

Hoy mientras me bañaba pensaba en esto: Escribir es comunicar, y tenemos que comunicarnos mejor con nosotros mismos. Si mejoramos nuestra comunicación con nosotros mismos, mejoramos el mundo.  La comunicación es una pieza central para el entendimiento humano. Así de grande esto que estamos haciendo. Muchas gracias por permitirnos llegar hasta aquí.

¡Escucha nuestro podcast en Spotify!

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