Un hijo, un padre y su Hillman

Mi viejo decía que aquel Hillman del 64, en el cual me esforzaba por llegar a los pedales, era mi carro. Por eso se esmeraba por inculcarme todo lo referente a la conducción. Me hacía llevar el timón sentado en sus piernas y me enseñaba algunos insultos para liberar el estrés. A mi mamá no le hacía gracia que un mocoso de tres años empezara a putear a quien le cerró el camino, o a aquel que no avanzaba ante una luz verde. […]

Ese hombre y yo

Estaciono. Apago el motor. Trato de salir del auto, pero las piernas me tiemblan. “Necesito un trago” pienso. Alzo la vista y aparece ante mí, como si de una enorme ola se tratase, ese edificio ancho y despintado, de pocos amigos, luces pálidas y almas deambulando. Los fantasmas que asoman por sus ventanas me miran. […]

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