El Beto fue siempre mi personaje importante en la distancia

Desde muy pequeña he creído, fervientemente, en la validez de las promesas que hacemos en voz alta. Mi madre me enseñó a no prometer jamás si no estoy segura de cumplir con mi palabra, a no faltarle el respeto nunca a quien espera con ilusión que la cumpla. Si ella prometía que me llevaría a la fiesta de alguna amiguita al caer la tarde, llegaba corriendo a casa con el regalo perfecto para llevarme a tiempo, aunque estuviera agotada de su día, aunque le costara la vida cumplir conmigo. Nunca lo ha dicho, pero yo podría apostar que esa maravillosa herencia viene de su padre, mi abuelo. […]

Cuando no lograba conciliar el sueño conversaba con su cuaderno

Juan Manuel sentía su cabeza estallar por en poco tiempo que había dormido. Tenía esa obstinada costumbre de hacer su equipaje horas antes de partir. Como todas las veces, pensó que le tomaría solamente un par de horas, pero no fue así, terminó haciéndose un mundo, y es que tomar decisiones de manera espontánea era algo que aún no había podido alcanzar. “Este sí… uhm… este también. No, mejor no. ¿Y si hace frío? Está bien, también lo llevo”. […]

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